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IV Jornadas de Sociología

Reconstrucción de la voluntad sociológica

Hacia los estados generales de las ciencias sociales

6 al 11 de Noviembre de 2000

Director de la carrera: Emilio Cafassi

 

Se realizaron 10 charlas debate preparatorias de las jornadas, 8 paneles de discusión, unas 10 charlas debate, 39 mesas temáticas donde se presentaron unas 370 ponencias, algunas de las cuales se publicaron en CD-ROM. Además se realizaron actividades especiales como presentaciones de libros y publicaciones, teatro, música en vivo y proyecciones de cine.

 

Reconstrucción de la voluntad sociológica

I - Restitución de la voluntad de conocimiento

En las últimas décadas la sociología ha perdido en gran medida el impulso de su aventura intelectual, política y transformadora. No se trata de que en sus años dorados, acaso los de los sesenta, no tuviera dilemas irresueltos, ambigüedades teóricas y obturaciones dramáticas en el momento de decidir sus prácticas. Pero todo ello ocurría en un ambiente de optimismo crítico y de fuertes creencias sobre el papel colectivamente relevante de la sociología. La sociología era una clara y necesaria creación, como discurso de la crítica, que venía a ser el desdoblamiento interrogativo de actos sociales usualmente desposeídos de su propia autoreflexión.

Un juicio de apariencia apresurada pero no equivocado, nos dice hoy que el ciclo de esa autoreflexión en parte se ha extinguido, en parte se ha diversificado y en parte se ha trasladado a otros conocimientos. En la actualidad, las dificultades de este campo intelectual y aún profesional no son independientes de los borrosos caminos por los que transcurren sus búsquedas. Esos caminos están deshilvanados en especializaciones, rutinas y cercamientos. Los desgajamientos de otros saberes departamentalizados - sobretodo las ciencias políticas y las ciencias de la comunicación - al mismo tiempo que la profundización de su apartamiento de los diálogos esenciales con las herencias filosóficas y historiográficas, no hizo más que amplificar la imprecisión del logos de la sociología sin que aumentara la efectividad social de su doxa. 

Por el contrario, la dispersión de sus motivos, estilos y efectos no pudo retornar a través de una imagen de pluralismo productivo y multivariedad de pensamientos, sino como astillamientos de un cuerpo conceptual agrietado en su misma identidad histórica y argumental. Es preciso entonces volver al programa originario de las ciencias sociales, a esa pregunta por el ser y por la discordancia de las sociedades capaz de convertirse en obras, en signos públicos conceptuales, en sujetos intelectuales relacionados en debate y en acciones visibles en la sociedad. Pregunta que asimismo adquiere singular importancia en momentos en que las políticas y las economías vigentes en nuestros países actúan con un supuesto de verosimilitud que es necesario desmontar en sus pactos de sentido común, generalmente asociados a la promoción naturalizada de toda clase de injusticias. 

Por un lado, el drama vital de las poblaciones más expuestas a la pérdida de resguardos, derechos y horizontes culturales, y por otro lado, las formas de universalismo coactivo que cruzan el planeta al compás de las revoluciones técnicas y comunicacionales, nos presentan un panorama de "erosión del mundo de vida", tal como se expresan numerosas sociologías críticas que siguen activas en el mundo. No es necesario aguzar nuestra imaginación o nuestra turbación para saber que esas erosiones - o dicho de otro modo, el desmedro de los cuadros históricos de la modernidad, de la esfera urbana pública, de las prácticas sociales sustutuídas por tecnologías de opinión y encuadramiento axiomático de poblaciones - significan una brutal intromisión en los horizontes de cotidianeidad, en los mundos laborales y en los juegos expresivos de toda sociedad. 

 

II - Rescate de la voluntad crítica

Ante esto, la sociología suele proclamar tan solo un tímido ideal investigativo, que sin duda ha llevado y sigue llevando a que muchos trabajos de gran significación y perspectivas críticas se hayan elaborado en nuestras carreras, pero en medio de una situación general que parece haber perdido - y no es grato admitirlo - el sustento de un compromiso social y una voluntad transformadora que puedan operar como ethos de celebración y entusiasmo de todo cuanto hacemos. Una voz colectiva y nunca muy soterrada en nuestras carreras suele expresarse en favor en una articulación mayor de las esferas de conocimiento, sospechando con razón que una escisión entre los campos metodológicos y los campos teóricos es el indicio de un grave renunciamiento al pensar situado y actuante, antes que una buena distribución de tareas epistemológicas que luego se reunirían en una postrera conciencia asociacionista capaz de pegar aquellos átomos de saber que se iban desmenuzando por el camino. Todos sospechan con razón que estas irresoluciones tienen gran responsabilidad en la pérdida de la voz sociológica en nuestras sociedades. 

Pero ahora no se trata ni de restañar esa pérdida con artificios profesionalistas que actuarán de todas maneras sobre un vacío de profesión -muy diferente, sin duda, a la invocación profesional del impresionante final de la Ética protestante de Weber, como una reflexión de índole ética sobre los modos técnicos en que el mundo maquinista elabora sus poderes- ni de imaginar que dándole tareas en la inmediatez de la política, la sociología recobraría su locuacidad. Al contrario, volver a la política supone constituir la política en la misma figura del lector sociológico, del estudiante de sociología, del profesor de sociología, del escritor de sociología, de aquellos que invocan sus artesanías intelectuales para abrir una amplia pregunta, sin fronteras, sobre el sentido de las sociedades, sus formas de decisión política y sus modos productivos nuevos, que coinciden en la actualidad con efectos que abren insistentes horizontes de miseria, injustica y destitución social. 

Esa pregunta es hoy una pregunta no renegante, esto quiere decir, que para recomponer la voluntad sociológica es preciso no renegar de sus enraizamientos históricos, ligados a las revoluciones del siglo XIX y del siglo XX, al ciclo de las historiografías renovadas, a los giros ostensibles de la filosofía contemporánea, a las vicisitudes de las teorías del lenguaje y a la crítica de la tecno-racionalidad instrumental del capitalismo. Este estímulo de avenencias transformadoras entre diversos saberes, sin forzamientos basados en axiomas de interligación obligatoria, puede llevarnos una vez más a lo que intuía Marx en su Introducción general a la crítica de la economía política de 1857, hace ya casi un siglo y medio, respecto a que la aventura del pensar busca de un modo u otro “una correspondencia con el proceso histórico real”, pero esa correspondencia es preciso detectarla en sus diferentes momentos de actualidad, en las formas difusas e inciertas que asume todo presente, suma de acontecimientos vivos y soprendentes que no pueden ser el mero cumplimiento de una ley de desarrollo histórico. 

Podemos imaginar ahora que hay memorias en curso, lecturas y relecturas posibles y convocatorias latentes que aún explican porqué nuevas generaciones estudiantiles siguen eligiendo la sociología como el nombre de sus inquietudes cognitivas, éticas e intelectuales. Y las podemos imaginar desde una nueva interrogación a los clásicos de la crítica al mundo moderno, hasta las reflexiones en acto que nada esporádicamente aparecen cuando la voluntad sociológica se sumerge en el mundo atroz de la pobreza y la desesperanza, para extraer sabidurías compartidas en nombre de un cambio de situación. 

 

III - Reavivamiento de la voluntad práctica

Por eso hay un extenso gabinete de nombres, cambiantes y populosos, que es preciso reactualizar y volver a interrogar. Porque sólo en nombre de un cambio de situación surgen las verdaderas y sin duda las más potentes interrogaciones. Y las nuevas preguntas hay que dirigirlas a nuestros clásicos, tanto los de la modernidad sociológica, de Saint Simon y Marx en adelante, como los de las edades antiguas y modernas de la filosofía y la política, Platón, Maquiavelo, Rousseau o Hegel, a los que desde luego hay que leer con disposiciones de la crítica que también tengan en cuenta al lector situado, el lector de la universidad latinoamericana, digamos mejor, de la hoy castigada y desamparada universidad pública de nuestros países, donde se ausentan las voces que en otros momentos proclamaron que estábamos “en un momento emancipador, en una hora americana”.

Precisamente, también siguen a nuestra espera los clásicos latinoamericanos y argentinos, que aún admiten y secretamente ansían que volvamos a sorprendernos con ellos. Y estas sorpresas -que son embrionarias preguntas- vienen sin duda señaladas por el tenor de una gran discusión que todos nos debemos, que callada y remota, vive secretamente entre nosotros. La carrera de sociología de la Universidad de Buenos Aires fue fundada por Gino Germani en 1957 como parte de un proyecto cultural al que no le eran ajenas ninguna de las vicisitudes intelectuales de una época en la que el país parecía poder albergar innumerables foros de debate. Muy pronto ese proyecto se encontró con el severo rostro de las discusiones irresueltas en la historia cultural argentina, y que ya se percibían cuando el nombre de la sociología había aparecido con fuerza en etapas y fundaciones intelectuales muy anteriores de la universidad y de la sociedad argentina. Cuando Ernesto Quesada, Juan Agustín García o Antonio Dellepiane daban sus primeras clases de sociología en el país, o cuando José Ingenieros agitaba esa misma perspectiva para abrirla hacia la psicopatología, la criminología, la ética, el arte o la teoría del yo, también la pregunta que aparece ineludiblemente es la de los valores culturales, históricos y lingüísticos con los que una ciencia se compone.

Y ese mundo de valores, que aparece siempre como un horizonte de amenazas que la ciencia está llamada a conjurar o como un conjunto de conocimientos que viven una gloriosa vida sin norma y sin ley, fueron siempre el motivo mayor de los debates universitarios y de todo lugar donde una ciencia fuera invocada. Se puede decir incluso que la historia de los conocimientos sociológicos no solo contiene esa esencial disyuntiva sino que ella misma es esos debates y fuera de ellos, nada es. Por eso, parece adecuado suponer que la desaparición del compromiso con esas controversias, significa menos un indicio de resolución que el angostamiento de las carreras universitarias de ciencias humanas en general y de sociología en particular. Reabrir estas incógnitas de la “práctica teórica” - si es que elegimos expresarnos en lo que hace décadas fue la lengua althusseriana - significa también volver a preguntarnos por los nombres, las biografías y las obras que asociaron sus trabajos y militancias al avatar contemporáneo de la sociología argentina, desde Gino Germani a Roberto Carri, porque en los distintos planos en que esas vidas se expresaron -la institución universitaria como dramática constructora de ámbitos de investigación y el ámbito de la escritura social vivaz, encarnada en la politización del conocimiento y el fragor de los días- vemos los contornos de una discusión que aún vale la pena empeñar entre nosotros.

Por eso es necesario que también aparezca el nombre - como concepto, argumento y llamado - que reúna una nueva voluntad de proceder desde la sociología hacia la crítica de sus propias imposibilidades y hacia lo que aún se sigue reclamando de ella: imaginación, compromiso, obras de gran arraigo en los dilemas de época y fuerte convicción militante en torno a los hombres arrojados al borde del camino como pellejos vacíos por los aparatos de dominio económico, técnico y simbólico del mundo contemporáneo. Esos "arrojados" acaso no van a estar mejor por nuestros trabajos, pero nuestros trabajos no estarán mejor sin ellos, simplemente porque ningún pensar deja de estar también "arrojado", y en su penuria hecha de palabras, nunca deja de evocar remotamente las causas de algún sufrimiento. Porque si bien el drama intelectual es el de su lejana mediatez con la empirie castigada de las sociedades, nunca un llamado a reparar la desigualdad y la causa de la explotación social perdió efectividad por el hecho de inspirarse en el juego de las tesis y contratesis del orbe intelectual. 

Con la convicción de que la vitalidad no desmentida de la carrera de sociología de la Universidad de Buenos Aires puede ser un estímulo primero para plantear estas cuestiones y todas las que le estén relacionadas, llamamos a las Cuartas Jornadas de Sociología a todos los profesores, graduados y estudiantes de sociología del país. Bajo la invocación de la Reconstrucción de la voluntad sociológica pueden retomarse textos, diálogos y trabajos que encuentren entre sí y en los demás nuevos entusiasmos. Todo escrito posee una vibración que el lector está obligado a recobrar. Leer un Mariátegui, un Simmel, un Gramsci, un Milcíades Peña supone un arte cuyas destrezas son públicas y una artesanía regida por formas de comprensión historizadas. Una Jornadas como las que proponemos suponen escribir bajo el anuncio de esas artesanías, como parte de un evento vital y personal que se parece mucho más a una paideia inscripta en el drama social antes que a un suceso inscripto en un curriculum. Por eso, estas Jornadas están concebidas como una amplia movilización de profesores y alumnos: las mesas redondas, talleres, encuentros inesperados, publicidad hacia los ámbitos colectivos, actos artísticos, presentaciones de libros, comunicaciones especiales, eventos laterales y paralelos, escritos surgidos del momento y pequeñas asambleas de autoreflexión articuladas a ellos, solo pueden ser el signo de que seguimos trabajando y el anuncio simultáneo de que aún no hemos dicho lo necesario. Jornadas de las que, como siempre, nadie debe quedar al margen ni nadie debe dejar de participar con sus estilos y legados corespondientes, que serán entonces el síntoma probablemente esperado y merecido de la construcción colectiva de un nuevo horizonte intelectual. 

Por otro lado, en un momento en que nuestras bibliografías están sometidas al acoso de flujos y hegemonías que ya no pasan más por la universidad latinoamericana, no seríamos fieles a la preservación de los sucesivos actos refundacionales que ha tendido la universidad argentina y la propia sociología, si no nos volviéramos al descubrimiento y elaboración de bibliografías nuevas y hacia la lectura con ojos históricamente situados en nuestra sociedad, del inmenso patrimonio clásico que heredamos. En este sentido, toda Jornada universitaria como la que concebimos, también se convierte en un acto de autodeterminación intelectual y política.

 

Junta de la Carrera - Comisión Organizadora de las IV Jornadas de Sociología

 

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Ultima actualización: 14 de Febrero de 2011

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